En la década de 1940, cuando la mayoría de las puertas del mundo estaban cerradas, la República Dominicana abrió una. Refugiados judíos que huían del Holocausto llegaron a las costas de Sosúa con casi nada — y encontraron algo inesperado: un lugar que les hizo espacio.
Nuestros abuelos estaban entre ellos. Llegaron como extraños y se convirtieron en isleños. Criaron familias, aprendieron el idioma, abrazaron la cultura y devolvieron a la comunidad que les había dado un futuro. Sosúa no solo les ofreció tierra — les ofreció pertenencia.
Tikva significa esperanza en hebreo. Es lo que cruzaron el océano cargando, y lo que encontraron esperándoles aquí.
Tres generaciones después, construimos Casa Tikva porque creemos que ese sentimiento — de encontrar un lugar que es inequívocamente, improbablemente tuyo — no debería ser raro. Debería ser el comienzo de una historia.
Ese fue el de ellos. Ven a encontrar el tuyo.






